Hodie est

divendres, 20 de gener de 2012

L'assassinat de Juli Cèsar

Avete omnes!

Avui tenim una entrada que se surt una mica de la línia de les habituals, especialment perquè està escrita en castellà, cosa que no entra dins dels criteris de funcionament d'aquest bloc. Ara bé, que sigui publicada està sobradament justificat, com podreu entendre quan comenceu a llegir-la.

L'autora és l'Andrea Gamo i  el que ens ofereix és un fragment del seu treball de recerca, que grosso modo consisteix en l'explicació i aplicació del procés de redacció d'un llibre. L'argument principal és el viatge (us sona) d'uns personatges a través de moments claus de la història. I a Roma un d'aquest fou l'assassinat de Cèsar. 

Doncs, això és el que teniu a continuació: una versió novel·lada de l'assassinat del gran Juli Cèsar.

Gaudiu del relat!
Uno de los hombres estaba en medio del grupo y proclamaba sus pensamientos con total libertad, como sus intenciones. –¡Debemos detenerlo! Lleva demasiado tiempo en el poder y cree que merece ser tratado como un rey. ¿Quién es él para merecer tal derecho? Nos libramos de los inútiles reyes, decidimos dejar atrás la monarquía porque estábamos hartos de estar sometidos a los caprichos de una sola persona. ¿Qué diferencia hay entre eso y lo que es él? El espíritu de la república está muriendo, y el César es su verdugo. ¡Ya es suficiente!Los hombres se miraron nerviosos, pero asintiendo con sus cabezas. Otros, no lo tenían en absoluto tan claro. -¿Y qué propones, Casio, matarlo?Éste dibujó en su cara una sonrisa que a Anabelle le pareció diabólica, pero no contestó, pues otro hombre lo hizo por él.-Sí, eso es lo que planeamos, es lo que él merece. Su autoridad ha llegado demasiado lejos. Un año, a lo sumo dos, ese era el tiempo que debía asumir el poder. ¡Y lleva 5 años imponiendo su voluntad!
*****
Anabelle recordó lo que había estudiado sobre César, y lo que sabía sobre Brutus. Lo cierto, es que se decía que éste era hijo biológico de César y de su querida Servilia. Si eso era cierto, el odio de Brutus estaría justificado, pues no había sido reconocido como hijo. Pero suponía que había algo más. Y ese algo era que el tutor de Brutus fue un reconocido enemigo de César, Catón. Y, para empeorar aún más la situación, corría el rumor de que era Casio, su cuñado, quién lo había convencido de que la voluntad de César era proclamarse rey, cosa que Brutus, como republicano, no podía tolerar. Entonces, ¿era Brutus víctima de las mentiras de quienes lo rodeaban?Eso era precisamente lo que el anciano sospechaba. Por eso, intentaba hacer ver a Brutus lo imprudente de sus planes.Pero éste estaba convencido, quizás cegado, pues dando la espalda al anciano, levantó su puño en alto y gritó: -¡Gaius Iulius Caesar es su nombre! No temo a decirlo, la culpa no me pesa, pues mi mayor deber es con el pueblo de Roma, y lo mejor para éste es que el César muera.
***** 
Anabelle sabía que era un error, que no debía haberse separado de Kian, pero su curiosidad la llevó a seguir a aquellos hombres hasta la casa del César.El dictador se había negado a asistir al Senado, pues su esposa, Calpurnia, había soñado su muerte y le había suplicado que no saliera de casa, pero los conjurados habían enviado a Brutus, el hombre en el que más confiaba, para convencerlo de que les acompañase en su asamblea. Poco después, un hombre elegantemente vestido salió, seguido de los hombres que planeaban su muerte. Anabelle quedó admirada de su porte majestuosa, de su elegancia y de la sensación de grandeza que transmitía el hombre, sin lugar a dudas, era Julio César.
Caminaron por las calles de Roma, de camino al senado. Hubo un momento, mientras paseaban por el foro, en el que se cruzaron con un hombre, Espúrina, lo llamó uno de los presentes, quién miró al César con tristeza.Éste le sonrió, con burla, inconsciente de lo que el futuro le tenía preparado y le recordó unas palabras que el adivino le había dicho tiempo atrás. –Los idus han llegado. 
Anabelle escuchó como el hombre le respondía, pero sus palabras no fueron escuchadas por el César, quien ya continuaba su camino seguido por su séquito de desleales compañeros.Y cuando llegaron a las puertas del senado el caos estalló.Uno de los conjurados, Tulio Cimbro, le suplicó el perdón por los crímenes de su hermano. Aprovechando que éste lo tenía sujeto por la toga, los demás hombres se cernieron sobre el orgulloso dictador.Anabelle intentó contener las lágrimas cuando vio al César rodeado. Los conjurados se abalanzaron sobre él, sin previo aviso, asestándole puñalada tras puñalada.Observó también, como los ojos del dictador reflejaban su incredulidad. susurró al ver entre sus asesinos a su hijo Brutus.
Pero no derramó ninguna lágrima, no profirió ningún grito, pues había sido glorioso en vida, y pensaba serlo hasta el momento de su muerte. El César, sumido cada vez más por la debilidad que precede a la muerte, cogió el extremo de su toga, y se cubrió el rostro con ella, antes de caer a los pies de la estatua de Pompeyo dónde los traidores continuaron asestándole puñaladas, hasta sumar veintitrés.Cuando toda vida abandonó el cuerpo de, hasta ese momento, la figura más poderosa del mundo, los asesinos se alejaron, dejando el cuerpo allí, despreciando al hombre que tanto había dado al pueblo romano, al hombre que sería recordado para toda la historia.
*****

Andrea Gamo
2n BTX 

2 comentaris:

Ζήνων ha dit...

Crec que el sr. Gabriel García Márquez es va inspirar en aquest fet històric a l'hora d'elaborar la seva gran obra: Crónica de una muerte anunciada.
És increïble la quantitat de similituds que es poden arribar a trobar. Dixi

L'ombra d'un somni ha dit...

Simplement fantàstic!

Bona recreació, Andrea!